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Colaboradores principales – Naomi O’Reilly y Anna Fuhrmann
Una fractura es una discontinuidad en un hueso (o cartílago) resultante de fuerzas mecánicas que superan la capacidad del hueso para soportarlas[1], y son una de las lesiones más comunes que se observan en situaciones de desastre y conflicto, con al menos una fractura en la mitad de los pacientes que se presentan para recibir tratamiento.[2] El número y el tipo de fracturas varían según el tipo de desastre o conflicto, pero en general, durante los desastres y conflictos los pacientes presentan múltiples lesiones, siendo frecuentes las fracturas abiertas y complejas, lo que puede complicar su plan de rehabilitación.
Dado el aumento de la demanda de servicios sanitarios tras los desastres y los conflictos, se emplean sistemas de triaje por los que, tras la evaluación inicial, los heridos se clasifican en una categoría específica en función de la probabilidad de supervivencia y la gravedad de las lesiones.[3] En el caso de las fracturas, las personas con fracturas que no ponen en peligro la vida pueden ver su tratamiento definitivo retrasado cuando no hay riesgo de morbilidad posterior significativa o, tras el tratamiento, pueden recibir el alta muy rápidamente después de la colocación de una escayola o una férula, e incluso después de la cirugía ortopédica, por lo que los profesionales de la rehabilitación deben mantener un estrecho contacto con el equipo médico para evaluar a las personas con fracturas antes del alta.[2]
Los terremotos, en particular, causan una importante carga de lesiones, principalmente de las extremidades, y se ha demostrado que la incidencia de las fracturas está relacionada con la escala sismológica de Richter, los terremotos de mayor magnitud causan más fracturas.[4][5] MacKenzie y colaboradores [6] observaron que las fracturas representaban el 65% del total de lesiones tras los terremotos, y que las fracturas de las extremidades inferiores representaban el 59% de esas lesiones. Bortolin y colaboradores [4] vieron que el 10% de las fracturas afectaban al anillo pélvico, mientras que las fracturas de la columna vertebral representaban el 17% del total de las lesiones, y más del 4% de éstas implicaban una lesión de la médula espinal.[5]
Las heridas que se producen en los conflictos armados tienen su propia epidemiología y exigen principios de tratamiento que a veces difieren de las prácticas civiles. En entornos de conflicto, el tipo de fracturas dependerá del mecanismo de la lesión y del tipo de armamento utilizado, que puede incluir heridas de bala, cuchillo, explosión, metralla y minas terrestres; con politraumatismos que incluyen fracturas abiertas con lesiones óseas y de tejidos blandos, lo que aumenta el riesgo de contaminación del lugar de la fractura y de infección de la herida.
Los traumatismos de alta intensidad, como los que se observan en las lesiones por aplastamiento o explosión, suelen ir asociados a fracturas, como las pélvicas, que también pueden dar lugar a importantes pérdidas de sangre y politraumatismos que pueden ser más complejos de tratar y, en muchos casos, las personas con estas lesiones tienen menos probabilidades de sobrevivir en situaciones de desastre y conflicto.[7] En los casos en los que sobreviven, suelen tener numerosas lesiones asociadas, como daños graves en los tejidos blandos y en los órganos, o lesiones en la médula espinal, que pueden limitar aún más la rehabilitación temprana y requieren un diálogo en profundidad con el equipo médico, para comprender las precauciones y limitaciones antes de cualquier evaluación del tratamiento. [2]
Dada la variedad de fracturas que pueden observarse en contextos de desastre y conflicto, es importante conocer las características comunes de los distintos tipos de fractura para comprender las implicaciones que pueden tener para la rehabilitación temprana. [2]
Es importante conocer los plazos aproximados de curación del hueso. Si consideramos las fracturas simples, sabemos que, por lo general, las fracturas pediátricas son las que se curan más rápidamente (aproximadamente entre 3 y 6 semanas) y las fracturas de miembros superiores de los adultos (aproximadamente 6 semanas) se curan más rápidamente que las fracturas de miembros inferiores de los adultos (aproximadamente 8-12 semanas).
Sin embargo, es importante comprender que, aunque es útil conocer los plazos aproximados de recuperación de los distintos tipos de fracturas, cada paciente será diferente y, en situaciones de desastre y conflicto, los pacientes pueden tener más probabilidades de curarse lentamente como resultado de una serie de factores, entre ellos:
El nivel de carga de peso debe discutirse con el equipo médico o quirúrgico, y determinar los límites seguros para la fase inicial de su recuperación teniendo en cuenta las consideraciones anteriores. Dado que el hueso se fortalece en respuesta a la carga que experimenta, una vez establecidos los límites seguros por parte del equipo médico, la rehabilitación temprana debe incluir la carga progresiva, dando prioridad a los límites seguros de carga para la fase inicial de la recuperación y ofrecer consejos básicos sobre cuándo y cómo pueden empezar a aumentar la carga en casa.
Lo ideal es que el equipo médico o quirúrgico haya registrado las precauciones y contraindicaciones para la rehabilitación antes de que el paciente sea examinado por el profesional de la rehabilitación, pero esto no siempre es así cuando se trabaja en desastres y conflictos en los que las historias médicas o postoperatorias pueden ser limitadas o no estar disponibles en absoluto. Antes de examinar al paciente, debes intentar obtener toda la información posible del equipo médico, y si no estás seguro de algo durante la evaluación o el tratamiento, acláralo primero con el equipo y asegúrate de seguir todas las precauciones y contraindicaciones. [2]
En la siguiente tabla se describen algunas de las estrategias más comunes de tratamiento de las fracturas y las posibles complicaciones que pueden producirse en situaciones de desastre y conflicto. Tienes que vigilar de cerca todas las complicaciones tempranas, como la rabdomiólisis, el síndrome compartimental y las embolias grasas, que se suelen ver tras las lesiones por aplastamiento; mientras que las embolias pulmonares y la trombosis venosa profunda son comunes con la inmovilización; y la infección es una complicación habitual en todos los tipos de lesiones. Puedes leer en más detalle sobre las complicaciones de las fracturas tempranas y tardías aquí.
| Intervención | Descripción | Qué hay que tener en cuenta en los desastres y los conflictos |
|---|---|---|
| Enyesado |
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| Fijación interna |
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| Fijación externa |
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| Tracción |
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En los desastres y conflictos, la evaluación de un paciente con una fractura debe seguir el mismo formato que una evaluación de rehabilitación estándar, pero entendiendo que aquellos con politraumatismos, dolor o medicamentos postoperatorios pueden ser incapaces de completar la evaluación en una sesión. En ese caso, completa los elementos de evaluación que sean posibles, pero limita tu plan de tratamiento a lo que pueda hacerse con seguridad hasta que puedas realizar una evaluación completa. Entre las consideraciones específicas que pueden influir en tu evaluación de la fractura en entornos de desastre y conflicto se encuentran las siguientes:
NOTA: sólo evalúa los componentes para los que te sientas competente y que estén dentro de tu ámbito de actuación.
Importante información específica de la fractura a tener en cuenta durante la evaluación subjetiva en situaciones de desastre y conflicto:
Las lesiones nerviosas y vasculares pueden producirse como resultado de lesiones de alta energía, reparaciones o procedimientos quirúrgicos, incluidos los fijadores internos o externos, y la presión de las férulas. Todo ello puede causar lesiones nerviosas, por lo que la sensibilidad y el movimiento deben controlarse siempre en el postoperatorio, ya que los profesionales de la rehabilitación pueden ser los primeros en detectar estas lesiones. La siguiente tabla destaca las fracturas que pueden provocar lesiones nerviosas.
| Tipo de lesión | Nervio comúnmente afectado | Signos clínicos |
|---|---|---|
| Fractura-luxación de hombro |
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| Fractura de húmero
Proximal o medial |
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| Fractura de húmero
Supracondilar |
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| Luxación de la cabeza del radio +/- fractura cúbito-radial de ‘Monteggia’ |
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Pérdida de extensión de la muñeca
Pérdida de la extensión de la articulación metacarpofalángica de todos los dedos |
| Fractura de la cabeza del peroné
Luxación de rodilla |
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| Fractura de cadera
Fractura acetabular Fractura pélvica |
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Dado el mayor riesgo de infecciones cuando se trabaja en situaciones de desastre y conflicto, tu primera función como profesional de la rehabilitación es vigilar cualquier complicación presente o potencial de la fractura, ya esté directamente relacionada con la propia fractura, con otras lesiones sufridas o sea resultado del entorno. Los profesionales de la rehabilitación deben realizar siempre una evaluación neurovascular utilizando las 5 P después de las fracturas, para vigilar si el flujo sanguíneo está comprometido o hay daños en los nervios, ya que el compromiso neurovascular puede provocar lesiones permanentes.[2]
A menos que se indique lo contrario, deben evaluarse tanto el rango de movimiento activo como el pasivo. El rango activo siempre se evalúa en primer lugar, lo que te permite valorar tanto la amplitud como la calidad del movimiento del paciente, aunque en algunos casos en los que el paciente es incapaz de completar un rango de movimiento activo, puedes empezar con un rango de movimiento activo asistido en el que el paciente controle la amplitud y la velocidad del movimiento.
Por ejemplo, empieza con el rango de movimiento activo tras una reparación de un tendón, para que el paciente tenga el control y se pueda vigilar el dolor. Si el paciente carece de un rango de movimiento activo completo, que no se deba al dolor, se puede evaluar suavemente el rango de movimiento pasivo, teniendo en cuenta los tejidos blandos que se vean afectados.[2]
Las pruebas de fuerza después de las fracturas deben realizarse utilizando la escala de valoración muscular de Oxford/pruebas musculares manuales, comenzando inicialmente con pruebas isométricas, luego en movimiento eliminando la acción de la gravedad y después contra la gravedad, si se permite.
NOTA: ¡Deben evitarse los movimientos resistidos en una fractura aguda!
Tras una fractura, es importante tener en cuenta cómo va a realizar el paciente las transferencias (por ejemplo, de la cama a la silla, de la silla a la bipedestación), la movilización y las actividades de la vida diaria, respetando las restricciones de carga; y si va a necesitar tecnología de asistencia (por ejemplo, paneles deslizantes, cinturón de transferencia, silla de ruedas, muletas, bastón). [2]
Otras consideraciones funcionales pueden ser el uso del retrete, el orinal y el posicionamiento para aliviar la presión cutánea si el paciente está en reposo.
Comprueba siempre que los yesos, férulas y vendajes no estén demasiado flojos ni demasiado apretados y que las articulaciones (dedos de los pies y de las manos) no estén innecesariamente inmovilizadas, sobre todo durante la fase aguda de una fractura. Vigila si hay complicaciones y, si se sospecha de infección, busca ayuda del equipo médico.
Realiza siempre el cuidado de la zona de las agujas/pines comprobando si hay signos de infección, compromiso neurovascular o zonas que atraviesan tendones o vientres musculares que puedan causar dolor y reducción de la amplitud de movimiento. Con las manos limpias, comprueba sistemáticamente que todos los alambres y pines estén firmes y seguros, que todas las tuercas y tornillos están apretados, lo que significa que examinas de arriba a abajo, de izquierda a derecha, y lo haces, y enseñas al paciente a hacerlo, siempre de la misma manera.[2]
Si están disponibles, las pruebas por imagen (radiografías, ecografías) pueden ser útiles como parte de la evaluación, si está dentro de tu ámbito de práctica como profesional de la rehabilitación el interpretarlas. Si no es así, cuando estén disponibles, lee los informes de las pruebas y coméntalos con alguien del equipo. No intentes interpretarlas tú mismo si están fuera de tu ámbito de actuación.
Vigila siempre la aparición de ampollas de fractura, que son claras (llenas de líquido seroso) o hemorrágicas (llenas de sangre) y que suelen aparecer en zonas con poco tejido subcutáneo, como el tobillo, la tibia o el codo. Para reducir la hinchazón, eleva la extremidad y no toques las ampollas, ya que reventar estas ampollas de fractura puede aumentar el riesgo de infección en situaciones de desastre y conflicto. Educa al paciente sobre el cuidado de las ampollas de fractura e informa al equipo médico.[2]
Al igual que en un entorno estándar, las medidas de resultado más utilizadas en el tratamiento de las fracturas agudas incluyen el rango de movimiento, la fuerza muscular y los objetivos funcionales y, dada la complejidad de la atención en entornos de desastres y conflictos, deben ser rápidas y sencillas de administrar y fácilmente replicables. [3]
Dado que la mayoría de los pacientes que ves en situaciones de desastre y conflicto son complejos, con lesiones múltiples y únicas, la prioridad del tratamiento en la fase inicial de rehabilitación es centrarse en las articulaciones y los músculos necesarios para los movimientos funcionales básicos, como sentarse y levantarse de la cama.
Al igual que con los cuidados estándar, asegúrate de controlar adecuadamente el dolor antes de iniciar cualquier tratamiento y ten siempre cuidado con las posibles complicaciones y las señales de alarma, que pueden no ser clínicamente evidentes hasta que el paciente empiece a moverse.[2]
La presencia de politraumatismos complejos complica con frecuencia la evaluación y la rehabilitación temprana de las fracturas en situaciones de desastre y conflicto, con la necesidad de tener más presentes y monitorizar las señales de alarma y las complicaciones que se producen, incluyendo los aspectos normales de una fractura simple, como resultado del entorno y las condiciones en las que se produce la fractura.
Es importante realizar una evaluación inicial detallada, que incluya la historia social, y conocer las redes de apoyo para poder priorizar adecuadamente la rehabilitación. La participación del paciente en el establecimiento de objetivos es realmente importante, así como garantizar una educación adecuada en torno al manejo de la fractura a través de las diferentes etapas del tratamiento, incluyendo el asesoramiento sobre la vuelta a la actividad y el uso de la extremidad dentro de los límites de carga establecidos por el equipo médico/quirúrgico.[2]
Rehabilitation Treatment Planning for Common Conflict and Emergency Related Injuries
[[Category:Fractures