Complicaciones de las lesiones nerviosas periféricas

Editores originalesNaomi O’Reilly

Colaboradores principalesNaomi O’Reilly, Tarina van der Stockt, Kim Jackson y Manisha Shrestha      

Introducción[edit | edit source]

Las lesiones de los nervios periféricos son afecciones comunes con síntomas muy variados, que dependen de la gravedad de la lesión nerviosa y de los nervios afectados. Los nervios periféricos transmiten señales entre la médula espinal y el resto del cuerpo. Los nervios están formados por diversas combinaciones de neuronas motoras, sensoriales y autonómicas, con síntomas y complicaciones que dependen de las fibras nerviosas implicadas.[1], por lo que la lesión de los nervios periféricos puede tener diversas complicaciones secundarias, que pueden ser importantes y tener efectos a largo plazo según la clasificación de la lesión nerviosa.

Tabla 1. Tipos de nervios periféricos
Nervios motores Nervios sensitivos Nervios autónomos
Los daños en estos nervios se asocian normalmente a debilidad muscular, calambres musculares y espasmos musculares incontrolables. El daño a los nervios sensitivos se asocia normalmente a la alteración del tacto, la temperatura o el dolor. Los daños en los nervios autónomos pueden estar asociados a actividades que no se controlan conscientemente, como la respiración, la función cardíaca, la función tiroidea y la digestión, lo que puede dar lugar a complicaciones secundarias como la sudoración excesiva, cambios en la presión sanguínea, incapacidad para tolerar el calor y síntomas gastrointestinales.

Dolor e hipersensibilidad[ edit | edit source ]

La lesión de un nervio periférico, sobre todo la avulsión de una raíz nerviosa, puede provocar dolor neuropático. El dolor severo también puede conducir potencialmente al síndrome de dolor regional complejo, lo que puede repercutir en la rehabilitación.

El manejo adecuado del dolor durante la rehabilitación es de suma importancia.[2]

Sensibilidad alterada[ edit | edit source ]

Las lesiones de los nervios periféricos se asocian a menudo con cambios significativos en la sensibilidad, con entumecimiento, sensación de quemazón, hormigueo o pérdida total de la sensibilidad en la parte del cuerpo afectada por el nervio dañado, lo que puede aumentar la incidencia de otras lesiones secundarias, como por ejemplo las úlceras por presión, quemaduras y laceraciones.[3]

Úlceras por presión[ edit | edit source ]

Úlcera por presión en paciente con pie equino

Los pacientes con una disminución de la sensibilidad como consecuencia de una lesión de un nervio periférico tienen un mayor riesgo de desarrollar úlceras por presión, que pueden ser más difíciles de ver en la piel oscura. Una úlcera por presión es una lesión localizada en la piel y/o el tejido subyacente, normalmente sobre una prominencia ósea, como resultado de la presión, o de la presión en combinación con el roce.  La úlcera por presión puede desarrollarse en unas pocas horas, pero los efectos pueden durar muchos meses y pueden causar una importante pérdida de función y discapacidad. Hay una serie de factores coadyuvantes que se asocian a las úlceras por presión, pero aún no se ha dilucidado la importancia de estos factores. Las lesiones tisulares están relacionadas con factores extrínsecos e intrínsecos.

  • Los factores extrínsecos son la presión, cizallamiento, fricción, inmovilidad y humedad.
  • Los factores intrínsecos están relacionados con el estado del paciente, como la infección local, sepsis, disminución del control autonómico, alteración del nivel de conciencia, edad, enfermedad vascular oclusiva, anemia, malnutrición, pérdida sensorial y contractura.

Mantener la piel seca, cambiar de posición con regularidad y revisar la piel con regularidad (utilizar un espejo si es necesario) ayudará.

Lee más sobre la prevención y el tratamiento de las úlceras por presión aquí.

Quemaduras y laceraciones[ edit | edit source ]

Las quemaduras y las laceraciones de la piel como consecuencia del contacto con superficies calientes o con agua caliente, con superficies cortantes o por no utilizar ropa de protección, por ejemplo, zapatos, son comunes con la alteración de la sensibilidad tras una lesión de los nervios periféricos.

Prueba el agua con el miembro opuesto, o con sensibilidad, y lleva siempre calzado cubierto en caso de que la sensibilidad del pie esté reducida.

Retraso en la curación[ edit | edit source ]

Las lesiones de los nervios periféricos pueden influir en la cicatrización y ralentizar los mecanismos de curación de los tejidos blandos. Esto puede verse agravado por la debilidad muscular, que puede repercutir en la circulación de la sangre a nivel distal de las extremidades, provocando hinchazón y, por tanto, una mala cicatrización. Otros factores que pueden dificultar la curación son:

  • Fumar, que reduce significativamente el flujo sanguíneo hacia los nervios y tejidos blandos lesionados.
  • Diabetes.
  • La nutrición, que puede retrasar la curación si la ingesta de proteínas y nutrientes es inadecuada.

Inflamación[edit | edit source]

Como las lesiones de los nervios periféricos provocan alteraciones motoras en las extremidades, afectan al bombeo muscular de la parte distal de las extremidades, sobre todo en las lesiones del nervio ciático, lo que puede provocar un estancamiento de la sangre en la parte distal de las extremidades cuando éstas se encuentran en una posición supeditada a la gravedad. Esto puede provocar una mayor neuropraxia, como resultado de una mayor compresión del nervio y un aumento del dolor.

La elevación de las extremidades y el rango de movimiento (pasivo, activo-asistido o activo) pueden favorecer el movimiento de fluidos y ayudar con la inflamación.

Contractura y deformidad[ edit | edit source ]

Las contracturas son el resultado de la pérdida de extensibilidad de las estructuras de los tejidos blandos (piel, ligamentos, músculos y cápsulas articulares), lo que provoca una restricción de la movilidad articular, causando rigidez articular y, posteriormente, la deformidad. [4] Las contracturas reducen la movilidad articular y dificultan las actividades de la vida diaria. También se asocian al dolor, la espasticidad, los trastornos del sueño y el deterioro de la piel. La mayoría de las veces las contracturas afectan a las articulaciones que son importantes para la vida diaria: las caderas, rodillas, tobillos, muñecas y hombros, causando problemas para vestirse, comer, desplazarse, dormir cómodamente, utilizar una silla de ruedas o realizar cualquier tarea que requiera el movimiento completo de las articulaciones. Los problemas en cualquiera de estas áreas pueden reducir la independencia de la persona[5]. Si las articulaciones correspondientes a los músculos afectados no se mueven de forma pasiva a diario, los músculos se acortan y las articulaciones pueden volverse rígidas, lo que provoca contractura y deformidades. Las posiciones o posturas en las que el paciente pasa la mayor parte del día en la cama o en la silla de ruedas aumentan la susceptibilidad a la contractura, al igual que el dolor, que aumenta la probabilidad de contractura como resultado de la mayor tendencia a contraer los músculos no paralizados, lo que aumenta el tiempo que los tejidos blandos permanecen en posiciones acortadas.

Los estiramientos, ejercicios de amplitud de movimiento y fortalecimiento, férulas, escayolas en serie y posicionamiento deben utilizarse para prevenir y tratar las contracturas.

Neuroma[edit | edit source]

Un neuroma es una complicación común de una lesión nerviosa periférica o de una amputación, y puede causar un dolor intenso que suele ser resistente a la mayoría de los analgésicos. Los neuromas son un engrosamiento no canceroso de las fibras nerviosas formado por tejido no conductor que impide el envío de la señal a lo largo del nervio. Se cree que los neuromas se forman cuando la regeneración de los nervios está bloqueada por el tejido cicatricial. Los neuromas son una complicación potencial y limitante de la recuperación del nervio, que puede causar dolor o hipersensibilidad. Normalmente no se desarrollan hasta al menos seis semanas después de la lesión. El movimiento de los tejidos adyacentes o la aplicación directa de presión sobre los neuromas suele provocar dolor al estimular el nervio que contiene el neuroma.

Debilidad muscular[ edit | edit source ]

La afectación del nervio motor provoca la debilidad de los músculos inervados por ese nervio. Una consecuencia de la denervación es la atrofia muscular y los déficits funcionales. Una unión neuromuscular sana es fundamental para el control nervioso de los músculos. En numerosos estudios se ha visto que el TENS tiene un efecto positivo en el mantenimiento de la salud de la unión neuromuscular y en la prevención de la atrofia muscular[5]. Un estudio de 2018 observó que el uso del TENS era más beneficioso si se retrasaba hasta una semana después del traumatismo, siendo el uso de 100hz lo más beneficioso[6].

El cuidado de los músculos es de suma importancia para evitar que se dañen las unidades musculares, en particular para prevenir: lesiones por calor o frío, sobreestiramiento por gravedad o técnicas incorrectas de levantamiento/transferencia, contracturas musculares. Cuando se puedan iniciar los ejercicios de fortalecimiento muscular, es importante no dañar el tejido nervioso en proceso de curación: con hormigueos, entumecimiento o aumento del dolor, si el ejercicio es demasiado duro y su progresión es demasiado rápida, puede tener un efecto negativo en la curación.

Estrés psicológico[ edit | edit source ]

La debilidad muscular, contracturas, deformidad y dolor pueden repercutir en la salud mental tras una lesión nerviosa periférica. El dolor neuropático crónico tiene efectos que afectan negativamente a las personas, causando estrés emocional, reduciendo la calidad de vida y aumentando el riesgo de trastorno de estrés postraumático, depresión o ansiedad. El objetivo final no es simplemente reducir el dolor, sino conseguir una mejor calidad de vida, que sólo puede lograrse si también se abordan la depresión, la ansiedad y los trastornos del sueño.[7]

Referencias [edit | edit source]

  1. Menorca RM, Fussell TS, Elfar JC. Peripheral nerve trauma: mechanisms of injury and recovery. Hand clinics. 2013 Aug;29(3):317.
  2. Michael D Robinson, Steven Shannon.Rehabilitation of peripheral nerve injuries.PMID: 11878078.DOI: 10.1016/s1047-9651(03)00074-3.PubMed.gov. National Library of Medicine. National Centre for Biotechnology Information.
  3. Ginny, G, Chapter 18 – Peripheral Nerve Injuries. In Editors: Cameron, MH and Monroe, LG. Physical Rehabilitation, W.B. Saunders, 2007, Pages 473-513,
  4. Harvey LA, Glinsky JA, Katalinic OM, Ben M. Contracture management for people with spinal cord injuries. NeuroRehabilitation. 2011 Jan 1;28(1):17-20.
  5. 5.0 5.1 SCI joint Contractures. Research and Training Center on Independent Living, University of Kansas. (1996). Contractures. Lawrence, KS. Available fromhttps://rtcil.drupal.ku.edu/sites/rtcil.drupal.ku.edu/fileshttps://www.physio-pedia.com/images/galleries/SCI%20Joint%20Contractures.pdf Accessed on 16/12/20
  6. Su HL, Chiang CY, Lu ZH, Cheng FC, Chen CJ, Sheu ML, Sheehan J, Pan HC. Late administration of high-frequency electrical stimulation increases nerve regeneration without aggravating neuropathic pain in a nerve crush injury. BMC neuroscience. 2018 Dec;19(1):37.(last accessed 25.3.2019)
  7. Torta R, Ieraci V, Zizzi F. A Review of the Emotional Aspects of Neuropathic Pain: From Comorbidity to Co-Pathogenesis. Pain and therapy. 2017 Dec 1;6(1):11-7. Available from: https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC5701895/ (last accessed 27.3.2019)


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